La correcta indagación del yo

Cuando inicié la lectura de la enseñanza de Ramana y bebí de las diversas traducciones que editaban diferentes autores sobre el tema, intenté convertir «quién soy yo» en la esencia de mi práctica meditativa. Durante varios años tuve la oportunidad de buscar en dicha pregunta el eje central de mi indagación interior; sin embargo, no lo logré. Las explicaciones de Ramana parecían claras, la pregunta misma era aséptica, las traducciones y comentarios que intentaban hacerla digerible parecían razonables…, pero algo faltaba que se escondía a mi propia comprensión. Me pregunté miles de veces «quién soy yo», y la respuesta requerida jamás llegó, no pude descorrer los velos que solucionan su acertijo metafísico.

Algo se me escapaba del atma vichara, o «autoindagación del yo». El resultado me llevó por siempre a ser consciente de mi existencia individual, nunca a revelarme más allá de mi propia identidad personal. Estaba tan atento a preguntar «quién soy yo», que la atención, después de preguntar, buscaba una respuesta en el mismo ambiente mental donde se gestaba la pregunta. Preguntaba con tanta intensidad «quién soy yo» que la continua respuesta que la mente ofrecía era un eco en la propia mente. Era consciente de «yo vacío», «yo silencio», «yo tranquilo »…, pero siempre un «yo», siempre caía en la eterna cárcel de mi propia conciencia personal.

La consecuencia de ello fue palpable: por cansancio y sin lograr una meta clara dejé a un lado la «autoindagación del yo», pues no lograba entrever su esencia. La enseñanza de Ramana al parecer superaba mi capacidad de entendimiento.

Transcurrieron algo más de diez años para entender la trascendencia de la simple pregunta «quién soy yo». Durante ese tiempo pasé por diversos tipos de prácticas meditativas que nunca aportaron nada conducente a la experiencia no-dual. Cerca de la desesperación que impone la solución al acertijo de Lo Real, finalmente pude entrever la letra menuda del contrato que firmamos cuando aceptamos existir como un «yo». Llegados los veintiséis años finalmente entendí. Comprendí que la Conciencia es un continuo no-dual, que la materia y la idea son tan solo su sustancia. Bebí de lo infinito, vi a Dios cara a cara y experimenté la disolución en lo divino que crea lo divino.

Así, durante años he buscado las palabras adecuadas para nombrar lo innombrable, para acercar a los estudiantes a la experiencia que lleva a atender el propio mundo interior con la pulcritud que se requiere para convertir la «indagación del yo» en el entorno adecuado a una correcta práctica meditativa.

De igual manera, este blog tiene como objetivo explicar en detalle la atención requerida para explorar el universo externo, la realidad que nace gracias a la intervención de cualquiera de nuestros cinco sentidos. La pregunta de quién soy yo requiere una idéntica actitud de atención a la pregunta qué es eso, que deviene cuando indagamos correctamente el mundo externo.

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