La presencia del yo genera caos

Estudiante: ¿Es mejor poseer una naturaleza intelectiva o, por el contrario, una sensible?

Sesha: Cuando te conocí eras eminentemente racional; a medida que te he descubierto eres eminentemente más emocional. No sé si ello es bueno para ti o no; evidentemente es una situación que solo tú misma puedes valorar. Lo que no puedes es negarte a ser lo que eres, y lo que tienes que saber es qué es lo que eres.

Lo que no importa es presuponer qué debes ser. Esa fecunda capacidad intelectiva que manejas es un elemento distorsionador cuando no se lo requiere. ¿Qué distorsiona? La respuesta a un presente que no requiere de ella. Cuando aprendas a saber, no por la información que acumula, sino por la comprensión que ella genera, entonces no infravalorarás tu mente y tal vez puedas estar más a gusto contigo misma.

¿Se puede pensar sin que haya sentido de propiedad? ¿Se puede sentir sin que haya sentido de propiedad? ¿Se puede actuar sin apetencia de fruto? Por supuesto que sí. El problema real no es pensar ni sentir ni hacer, no. El problema que surge de una epistemología o de una ética mal entendidas nace de situarse erróneamente como propietario de cualquiera de estos tres atributos.

El nacimiento del “yo conozco”, del “yo siento” o del “yo actúo” nos sumerge en el lodazal de los conceptos y las probabilidades; es allí donde nace la diferenciación entre conocedor y conocido. La presencia del yo genera caos.

Cuando quieres convertir sus necesidades en el norte sobre el cual quieres llevar a cabo una actividad específica, entonces el querer poseerla y direccionarla hace que nunca llegues a buen término.

Pero también puedes convertir ese mismo intelecto en un don y no solo en castigo. Cuando aprendas a manejar la razón, ese maravilloso mecanismo lógico y coherente, de modo que opere por sí mismo de forma natural, entonces la mente será tu aliada y tu sentimiento un oasis donde descansar.

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