La naturaleza infinita de la conciencia humana

Desde siempre el ser humano se pregunta respecto a su génesis y a la del universo. Incontables dudas lo asaltan cuando indaga las probables causas de sí mismo o de aquello que supone es su creador. La humanidad entera, a través de cada uno de sus esporádicos espectadores, ha reflexionado sobre el dilema fundamental de la existencia: el hecho mismo de “ser” y “existir”.

Solo unos pocos han podido encontrar la respuesta. Al parecer, las explicaciones respecto a la magnitud de lo hallado no calman la sed de saber de la totalidad del género humano. Al contrario, las explicaciones de “filósofos” o “sabios” de algunas culturas parecen en ocasiones antagónicas, a tal punto que, en vez de complementarse, muchas veces se oponen.

Las múltiples interpretaciones del simple y sencillo hecho de “ser” y “existir” se realizan desde tantos y tan variados puntos de vista que yacemos confusos ante la complejidad de tantas explicaciones parciales.

Hemos intentado desde siempre entender el origen de nuestro universo; sin embargo, la respuesta ha sido esquiva. Es por esto que nos conformamos intentando explicar cómo funciona y, para ello, nuestro intelecto ha creado múltiples disciplinas involucradas en el proceso del entendimiento.

Matemáticas, física, psicología, filosofía, arte, y cientos de disciplinas más, conforman la inmensa gama de posibilidades mediante las cuales es posible interpretar el universo.

Vivimos en una maraña de islas conceptuales. En ocasiones, entre islas se tienden puentes; otras veces, se crean infranqueables muros. No es de extrañar entonces el olvido de los valores universales y la falta de compromiso para con ellos. ¿Qué necesidad hay de sostenerlos cuando se apoyan en el inestable mundo de las necesidades personales o de grupo? El mundo agonizará mientras no exista una interpretación adecuada y universal respecto a la esencia de “ser” y “existir”.

El Advaita no intenta prevalecer sobre ningún sistema de pensamiento; tan solo aporta una descripción teórica y la conjuga con una apreciación práctica en donde se experimenta la identidad del individuo con lo Absoluto. El Advaita no requiere de fe ni de ritual especial; su única herramienta es la certeza de la naturaleza infinita de la conciencia humana.

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