La interpretación mental del universo es netamente dual

Todo ente a nuestro alrededor puede ser calificado. Todo Objeto posee la cualidad intrínseca de «nombre» y «forma» asociada al plano formal o ideal. El mundo es representado por la mente como un gigantesco rompecabezas donde cada Objeto posee una naturaleza independiente de cualquier otro Objeto.

Hechos cotidianos, experiencias comunes y realizaciones prácticas del Sujeto son actos que incluyen el reconocimiento que otorga la Conciencia, cuya esencia permite integrar la información mental proveniente de los sentidos y la memoria. La conclusión de la percepción es que cualquier acto que realice o conozca el Sujeto puede representarse como una cognición dual. La Conciencia no posee en su naturaleza un atributo opuesto mediante el cual pueda ser definida. Asignar el término inconsciencia como atributo opuesto de la conciencia es un error. Estimar que la Conciencia puede momentáneamente sustraerse a la inconsciencia es falso. Basta inducir en la mente de cualquier Sujeto un estado hipnótico para denotar que la cognición propia de cualquier experiencia previa siempre está potencialmente activa. Olvidar una experiencia no implica su inexistencia ni, menos aún, implica la ausencia momentánea de conciencia en el momento de fijarla al nivel de la memoria. El acto mismo de la Conciencia es propio de la entidad No-dual. No existe Sujeto alguno que «conozca» la Conciencia. La Conciencia se conoce a Sí misma. La Conciencia siempre está presente, no se segmenta, no es cualificable ni cuantificable, no posee bordes ni límites. Simplemente Es; se define a Sí misma.

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