La fuerza de la comprensión

La comprensión es un acto que se desarrolla exclusivamente en el presente, el saber solo acontece en el aquí y el ahora. El karma no afecta al acto de la comprensión, puesto que en el presente no hay sentido de yoidad.

Hablo de la fuerza de la comprensión, no del creer que yo comprendo, porque el creer que yo comprendo, junto con mis mecanismos mentales, son propios del sistema mental donde el pasado se manifiesta junto con el yo y la historia.

El momento de saber, la fuerza de la comprensión, el brillo de la conciencia, la esencialidad del conocer, todo eso no es propio del ambiente donde existe el karma. Digámoslo de esta manera: el karma flota sobre la condición netamente consciente, sobre la actividad de la atención, el aspecto dinámico de la conciencia.

Los mecanismos kármicos y los patrones que conformarán el prarabdha karma se establecen en el momento mismo de la fecundación. En ese instante se establecen las tendencias físicas, energéticas y mentales, a nivel individual y colectivo, que se desarrollarán a lo largo de la vida.

La pregunta es: ¿podemos cambiar aquello que potencialmente debe desenvolverse? La respuesta es no, pero creemos que sí. Solo sabemos reaccionar como sujetos condicionados por una carga hereditaria.

Dependiendo de cómo reaccionemos ante la realización de cualquier acción, podemos o no identificarnos con los actos y mantener o no el encadenamiento entre acción y actor, esto es, podemos crear más karma o no dependiendo de cómo reaccionemos ante una acción cualquiera. Dicha forma de reacción, si es egoica, infundirá sentido de continuidad al yo y, por ende, mantendrá el sentido de individualidad. También dependiendo de la acción y en caso de no reaccionar con sentido de apropiación ni apetencia de fruto, no se genera sentido de causalidad entre acción y actor; a dicha condición la denominamos dharma.

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