La entrega

El salto a la mística es un salto a la entrega, es un volcarse, vaciarse, despreocuparse, es la libertad de no tener que guardar nada. El salto a la mística parece un mero sentimiento pero no lo es.

La expresión suprema de la vida mística es la entrega, porque es lo más costoso para todos. El ser humano es experto en esperar que alguien se le entregue; ansía que le llegue el amor, la bonoloto, el saber, la pasión, etcétera, pero no hace nada por atraerlo, por darse. Somos expertos en esperar y, mientras esperamos, culpamos, criticamos, juzgamos…, nos resulta muy fácil ver lo malo en los demás.

Entregarse es difícil. Atreverse a ser y a entregarse es una empresa casi imposible. Tan difícil como volcarse en el silencio o en el amor que se quiere dar al Amado.

Y, sin embargo, la vida nos muestra a cada instante que esa es la vía. ¿Qué, si no, es la primavera? Es la naturaleza entregándose a lo florido, al amor, al verdor, a la fuerza de la existencia, al ímpetu de la vida. Pero no lo vemos. Porque no sabemos mirar con los ojos del místico.

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