El estado de pensamiento

El estado de pensamiento emerge cuando la mente que fluye en la masa de Conciencia No-dual interpreta contenidos que forman parte de la franja Pasado-Futuro. Mientras los eventos son conocidos por el Sujeto, se crean lazos de causalidad (karma).

Los contenidos aparecen fluyendo en un ambiente temporal asociado al pasado, o mediante la proyección temporal en un campo de cognición asociado a un potencial futuro.

El Sujeto que allí actúa lo hace en función de su propia historia. La yoidad se reconoce a sí misma actuando, e intenta, mediante el deseo de fruto por la acción, proyectarse a una franja temporal de futuro. Se aprecia causalidad (Karma) a causa de que el Sujeto se reconoce como un devenir histórico y, por tanto, todos los acontecimientos que operan en su mundo interno o externo están enraizados con un pasado. No existe ningún acontecimiento libre de historia.

Los contenidos percibidos por el Sujeto adoptan distancia o se fusionan momentáneamente en forma de Particularidades y Totalidades. Cuando el Sujeto Particulariza, se reconoce distanciado de lo conocido; cuando Totaliza, se sumerge sin distancia en aquello que conoce.

Mientras Particulariza, el Sujeto se sitúa fuera de su propia frontera sensoria dando cabida a la interpretación mental del mundo externo. Mientras Totaliza, el Sujeto se sitúa «dentro» de la frontera sensoria dando cabida a la interpretación mental del mundo interno.

Si el Sujeto Particulariza en vigilia mientras está «dentro» o Totaliza «fuera», queda automáticamente inmerso en un nuevo estado de conciencia denominado Observación.

El Sujeto, gracias al reconocimiento de su propia frontera sensoria, delimita lo conocido entre contenidos «dentro» y «fuera» de la frontera. Debido al limitante Causal o Temporal, está inmerso en contenidos que forman parte de la franja Pasado-Futuro. Asociado al limitante de Fronteras, el Sujeto Particulariza el mundo vigílico externo o Totaliza los contenidos internos.

A todo contenido experimentado le es asignado «nombre» y «forma». Todo contenido adopta una identidad propia, de naturaleza inestable y discontinua. Los contenidos pensados se sobreimponen a los que están sucediéndose. El pasado, en forma de pensamiento, oculta el Presente como acontecimiento que se está sucediendo, y proyecta con forma de realidad una apreciación dual no existente.

Se aprecian así, con sentido de yoidad, contenidos producto de la memoria evocados como reales, expuestos a condiciones de tiempo y espacio, y con la propiedad de crear causalidad (Karma). El universo concienciado se aprecia como real. Mientras el estado fluye, no existe posibilidad de recoconerlo como irreal. Basta que el Sujeto reconozca algún contenido del aquí y del ahora, propio del Presente, para que emerja el Exín como conocedor de la realidad en el estado de Observación.

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